Las Plantas que Provocaron Guerras
En el mundo del cultivo (修仙 xiūxiān), las hierbas matan a más personas que las espadas. No porque las hierbas sean venenosas (aunque algunas sí lo son), sino porque la competencia para obtenerlas impulsa a los cultivadores a asesinarse unos a otros con una fiabilidad que impresionaría al asesino más dedicado. Un solo tallo de Ginseng de Sangre Milenario creciendo en la cara de un acantilado probablemente haya generado más cadáveres que la mayoría de los cultivadores demoníacos en toda su carrera.
Cómo Funcionan las Hierbas Espirituales
Las plantas comunes absorben luz solar y agua. Las hierbas espirituales (灵草 língcǎo) absorben energía espiritual del entorno, concentrándola en sus tallos, hojas, raíces y frutos durante años, décadas o milenios. Cuanto más tiempo una hierba absorbe energía, más potente se vuelve — y más valiosa.
La edad de una hierba espiritual es su métrica principal de calidad:
- Hierbas de diez años — Apenas por encima de las plantas mortales. Útiles para cultivadores en Refinamiento de Qi, mayormente ignoradas por los demás. - Hierbas de cien años — Nivel de Establecimiento de Fundación. Ingrediente estándar para recetas básicas de alquimia (炼丹 liàndān). La mayoría de las sectas las cultivan comercialmente. - Hierbas de mil años — Nivel Núcleo Dorado (金丹 jīndān) y Alma Naciente (元婴 yuányīng). No pueden cultivarse de forma confiable — necesitan condiciones naturales específicas (venas espirituales, formaciones ambientales, ciertas altitudes) difíciles de replicar artificialmente. Aquí es donde la recolección de hierbas se vuelve una aventura. - Hierbas de diez mil años — Nivel de recurso para la trama. Cada una es un tesoro con su propia leyenda. Crecen en ubicaciones que intentan activamente matar a cualquiera que se acerque y suelen estar custodiadas por bestias espirituales que han estado absorbiendo la misma energía espiritual durante los mismos diez mil años. - Hierbas de cien mil años — Pueden haber desarrollado su propia conciencia y raíz espiritual (灵根 línggēn). Cosechar una de estas es menos como recoger una planta y más como secuestrar a un ser consciente. Algunas novelas tratan estas hierbas como personajes por derecho propio.